Alias y homónimo.

La noche anterior había pensado en él. Una publicación de un video –no oficial– hecho para un dúo local, había traído a su memoria a aquél profe de historia del arte de hace trece años. En la publicación hacían referencia al autor del video (que llevaba el mismo nombre del profesor o ¿acaso era el mismo?) como si se tratara de otro joven contemporáneo, lo cual sembró la duda. ¿Será él? No creo– había concluido a los segundos de darle play, aunque al final –en el cierre del video– salía un personaje con barba y lápiz en mano, que dejaba la pregunta abierta. No hay cómo saberlo, se dijo. Pero la verdad es que sí lo había , solo bastaba con preguntar ligeramente ¿quién es el que les hizo ese video? Pero no lo hizo aun así ésta misma tarde se hayan juntado a almorzar; ella y el dúo, para escuchar el nuevo disco, lanzando ideas para próximos videoclips entre tomates, crema de zapallo y fresas con yogurt.

Pero todo eso había quedado en reposo después del almuerzo y la noche llegaba con la idea de asistir a esa competencia de improvisación narrativa. L (así era el alias de la participante) tendría su encuentro esa noche y sería decisivo para seguir en camino hacia la final. Sabes que a mí no me gustan los concursos; mejor me dices que nos quedemos y nos quedamos, me pongo piyama, marmoteo un rato por acá hasta que podamos solucionar el trabajo pendiente. No, yo creo que con calma lo vemos mañana, así que anda, piensa que tienes una misión (además de alentar a L) observar las historias que ahí puedan suceder. Tienes razón, iré, iré para tener la certeza de saber, una vez más, por qué no me siento a gusto con esos espectáculos. Qué indecisión la que se procesaba entre los pies y la cabeza, los pies inquietos por salir, los ojos curiosos ante la intriga, pero ahí arriba, en esa cápsula mental se pujaba la incesante necedad que se resume en un “yo jamás hubiera ido”.

Dejó de lado los apuntes, la regla de metal, la tijera: acomodó un par de cosas y se alistó para salir casi sin pensarlo. La resistencia previa ahora era cadencia en el caminar, de cierta forma con entusiasmo; es que eso –eventualmente– pasa al caminar por la calles del barrio, encontrar algo nuevo como un puesto de shawarma al paso, una casa renovada y pintoresca, el aire de la noche húmeda, fresca; caminar sin prestar atención a los otros pero notándolos como parte de ese cuadro viviente de una noche en primavera. Está bien, pensaba, cuando llegue todo estará bien, observa (es tu misión) y lee lo que L escribirá. Así, llegó. No quedaba duda de que ése era el lugar porque la decoración lo sugería sin reparo y los fotógrafos obsesionados con el registro social llegaron a apuntarle con un lente 28-135. No, no, por favor, dijo, con la mano levantada y dando un giro algo extraño tratando de escuchar si acaso aun con su advertencia sonaba algún click. Primer intento quizás exitoso, pero no creo que logre hacer esa danza esquiva con las demás cámaras que recorrían el lugar. Avanzó un par de pasos y escuchó una voz que la trajo de vuelta a esa realidad local, donde a algo como eso no podría llamársele coincidencia: encontrarte con alguien. Intercambios de saludos, un par de oraciones, sujeto predicado, adjetivo. Frases sueltas, interrogantes y listo ahora sí; pero al dar la vuelta, otra voz. Hola. Hola. ¡Vienes de jurado! Sí ¿tú también?. ¿Yo también? ¿Lo decía en serio? De pronto encontré la noche divertida. Ahora sí, a esperar que la campana anuncie el primer round. De inmediato recordé por qué no me gustan los concursos, y ese en particular, dejando en evidencia a participantes que muestran lo mejor que pueden hacer. Si eso es lo mejor, pues, preocupante. Además el mientras tanto de la gente, sus risas y murmullos que me transportan a una tierra de reyes y bufones, sin orden jerárquico pero… Un momento, pausa o mejor punto seguido. Dejemos eso de lado que para ésta historia no es necesario tales percepciones de quien, por obvias razones y ya claramente justificadas, entiendo que no le gustan los concursos. Aun así ahí estaba, con las manos en los bolsillos, moviendo la cabeza, sonriendo con torpeza, intentando evitar la emoción que le produjo darse cuenta que el round de L por fin llegaba. Por favor, pensaba, que lo haga bien. Eso es todo. Que sea auténtico, algo que me alegre leer, que ese “yo jamás hubiera ido” empiece a mutar a una nueva historia. L comenzó a escribir, L siguió escribiendo. Fin del round. ¡Veremos ahora la decisión del jurado!

¿Es una broma? ¿por qué se demoran tanto? Vaya que esos pensamientos anti concursos eran densos. Esperemos con calma parece que no ha sido fácil pero ya hay un ganador. No importa, ha pensado sin querer escuchar el veredicto. L, ha creado una historia improvisada hasta el final, con los segundos casi en contra sacando un suspiro alegre entrecortado con risa. Ahora entiende un poco lo que este concurso no marketea, lo que L seguro vio desde siempre: la oportunidad de prueba y error, de decirse a uno mismo no importa yo escribo igual, el training que cada quién busca para su propia y única masa muscular creativa. ¡Pero no se va con las manos vacías!. L baja del escenario con su bolsita publicitada como premio consuelo para irse del lugar.
– No estoy de acuerdo con la decisión del jurado.
– ¡Dame un abrazo primero!
– Vámonos de acá.
Caminando sin frío y con un cigarrillo sin encender, a través de unos lentes que iluminan el rostro; las palabras van y vienen al ritmo del boulevard que se aleja de ese ring. Todo eso y la bolsita. ¿Puedes sostenerla un rato, por favor? Claro. Con la bolsa en la mano, da un vistazo a cada libro. Aquí espero el bus ¿me acompañas? Sí. Antes de devolver la bolsa, se toma un momento ¿y esto qué es? Saca el libro y en letras blancas Arial Black, puntaje 14, lee ese nombre. El nombre del profesor de historia del arte, el nombre que la noche anterior había surgido a través de un videoclip, sin saber si era el mismo. Una noche después, una que quizás no hubiera tenido si optaba por el “yo jamás hubiera ido”, se le presentaba (vaya coincidencia) aquél nombre otra vez, nombre que sí era –comprobado por las hojas del libro– el del profesor. Se ríe y brevemente le cuenta a L, todo lo que había pasado, desde el video, el supuesto homónimo y el libro que ahora tiene en la mano.
– ¿Sabes? Una vez éste profesor nos encargó ir a una muestra de arte y escribir un artículo al respecto. Recuerdo que cuando lo entregué, se sorprendió, lo leyó para toda la clase y me invitó a escribir para la revista del instituto. Pero yo nunca fui.
– Quizás si hubieras ido aun existiría la revista que ahora ya no hay. A mí me pasó algo igual una vez, y lo que escribí…
– Espérame que anoto todo esto para no olvidarme, porque ¿sabes? estoy escribiendo un proyecto acerca de estas graciosas coincidencias, casualidades… y esto…

Advertisements
Tagged , , , , , , , , , , ,

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Eventos cotidianos de apasionante letargo

#historiascasideficción escritas por @beatriztorresz

[wi:k]

Una película de Moreno del Valle.

buensalvaje

Desvíos para lectores de a pie

%d bloggers like this: