Miércoles de miércoles.

Para variar no escuché el despertador y si lo escuché debí haber descartado la intención de despertarme a esa hora. Los días venían acumulando un desgaste de energía que se reciclaba en energía nueva, un ciclo interminable que aun así con todo eso me mantenía en pie. Entre ensayos, exámenes, sesiones y funciones no podía poner en escena los recuerdos del por qué no había resultado, tras esos intentos, seguir juntos.

Pues no funcionó, pero creo que podremos ser muy buenos amigos, decía ella en una conversación casual con alguien; mientras yo, sin guión, tenía que improvisar cómo seguir con el entusiasmo al ritmo de los días que me tocaban para encarar el final, el final del ciclo, qué curioso, los finales que llegan al mismo tiempo, tiempo que no había calculado y que el despertador puso en aviso, despertador que ignoré. Tiempo que ahora me falta porque ya van a ser las siete de la mañana y llego tarde.  ¿Será que ya pasó mucho tiempo sin verla?

La mañana estaba gris, parece que solo los fines de semana es verano, el resto de los días se debaten entre la llovizna tempranera y el calor inesperado del mediodía. Se vistió enseguida extrañando el sol, un poco de energía con el cielo despejado hubiera estado mejor para esa mañana en la que el despertar debía traer las emociones que lo conducirían durante el día. Motivación extra para aprobar el curso. Si llego tarde estoy perdido.

Además del cielo gris típico, debía suceder algo más típico aun. Salir tarde, apurado y no encontrar un solo taxi que me lleve de inmediato. 7:15am y entre el tráfico habitual de la avenida no venía ni uno, pensó, puro viejito! Y cuando hay viejitos esos son los peores para llegar rápido a un lugar, así que descartados. Ya lo había notado al no provocarle tomar el clásico jugo de la mañana, no tanto porque llegaba tarde es que no lo tomó, sino porque algo extraño que no sabía si era por la emoción que demandaba el día entero, los nervios por no reprobar, llegar tarde o el simple hecho de acumular el cansancio de los días pasados que se concentraba alrededor de su ombligo subiendo hasta el pecho y atorándosele en la garganta. Ojalá el proceso de reciclar ese desgaste en energía nueva fuese más rápido.  Pero ahí estaba entonces otra vez, esa sensación inquietante dentro de su pecho ¿sería acaso solo por la hora? ¿solo el cansancio? ¿de dónde venía esta ansiedad anticipada? Se preguntaba todo eso al ver que los carros y miles de carros pasaban, pasaban y él aun quieto en el mismo sitio mientras el reloj jugaba también con el tiempo en contra.

Tranquilo, exhala, mueve el cuello. Voltea y decide avanzar unos pasos cuando nota que una camioneta lentamente sobrepara a su lado. Extraño, piensa, y al voltear, como un telón invertido se abre la ventana que pone en descubierto su cara. Tenía que ser ella, no la veía desde que terminamos pero era ella, sin duda no había pasado tanto tiempo sin verla ¿o sí? Pero ahí estaba, despejada, relajada como en otra dimensión dentro de su auto. Yo debía haberme visto como un extraterrestre desde su perspectiva. Agitado, preocupado y mirándola así como quien no se espera tener un miércoles de miércoles desde tan temprano. Hola ¿Te llevo?

Hola, sonreí. Tenía que subirme a esa camioneta. Qué tal día que me espera, dije, y lo empiezo con mi ex, pensé.

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