La noticia del día.

Saludos, entregas, recordatorios, besos, despedida y la puerta se cierra abriendo la posibilidad de una noche solo para nosotros. Es temprano aun pero pensar en tomarnos un vino ¿te provoca? ¿qué quieres comer? – ¿qué tal si pones un disco? -¿qué quieres escuchar? A mitad de semana la noche bosqueja un rato tranquilo para poder hacer eso de tomarnos el tiempo sin prisa, sobre todo eso.

Después de haberse separado del punto que los unía tras la puerta que se cerró, juntos en un abrazo, cada uno fue siguiendo la ruta dentro de la casa, entre la sala, la cocina, el baño y el cuarto; entre ponerse cómodos, pensar en qué comer, seleccionar el soundtrack para empezar la noche, encender algo para fumar, encender el rato disperso entre todo menos la importancia de preocuparse por la hora, sin seguir el horario habitual,  sin levantarse tan temprano al día siguiente.

Tengo una tonada en la cabeza desde que me preguntaste qué quería escuchar y creo que esa canción sale en… ¿qué tal si pones el Sgt. Pepper’s? Pero el lado B. Lo hago, enciendo el tabaco y luego me siento a revisar mi correo por última vez en la noche. Las solicitudes legislativas, los formularios y la petición de una firma de pronto circularon en una marcha innegable de algo a lo que no podíamos escapar. Entonces, cuando regresó de la cocina y se apoderó de su espacio diciéndome qué buena canción es esa ¿verdad? Yo me quedé callado y le dije ¿Tú crees que eso funcione? ¿Ya firmaste?

La noticia no era novedad, se había hecho todo un alboroto por el tema y no solo se trataba de ellos ahí en esa sala, sino de muchos otros en tantas otras salas más donde se estaría discutiendo, formulando teorías, argumentos a favor o en contra de algo que parecía resultar inevitable para quienes no pueden –así quisieran – vivir fuera del círculo social con un paso a lado del sistema. No tiene fundamento, insistía. Yo no creo que funcione, decía. La conversación pasaba sin contar los minutos, leyendo publicaciones, artículos periodísticos, comentando opiniones, mientras la música seguía sonando sin que fuera – al parecer – realmente escuchada, como una música de fondo casi imperceptible a pesar del volumen.

En ese momento, la tonada que tenía en la cabeza (y que por alguna razón había quedado dando vueltas todo el tiempo) parecía ya no estar en mi cabeza solamente, sin duda estaba sonando ahí a través de los parlantes… I read the news today oh, boy, en una secuencia de ritmo orquestado como elevándonos en una escena que aun no llegaba, es un  crescendo masivo de cuerdas y trompetas que no entenderíamos, quizás, hasta la mañana siguiente. ¡Esa era la canción! Pensaba mientras su ¿Entonces? Yo creo que esto se acaba mañana mismo, por decir algo, pero pronto. Sí, no dura más, dije, dejándome llevar por la canción hasta que sin hablar más de eso pasamos al vino, las películas, la comida, nosotros.

Al día siguiente el despertador sonó tarde, eso de no tener en cuenta el reloj resultó paradójico, era realmente tarde para lo que teníamos que hacer. Nos levantamos, yo al baño, él a la cocina y después viceversa con un ritmo casi acelerado, casi musical, acompasado. Voy a comprar y regreso para irnos. Está bien, le dije mientras le daba un beso antes de que se fuera y cerrara la puerta. Como disfrutando el acorde final de una canción, me quedé un rato viendo por la ventana cómo se iba, cómo esperaba cruzar la calle para luego pasar por el puesto de los diarios hacia la bodega. A veces es tan complicado cruzar esta calle, di media vuelta hacia la sala y me senté. Abrí mi correo y lo primero que hice fue leer la noticia y enseguida su mensaje que decía “mira, justo lo que olfateábamos anoche” enlazando la foto del titular periodístico que hizo detonar otra vez esa canción en mi cabeza. … I read the news today oh, boy… dije sonriendo.

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