Chanel Number Five

En la mesa yacían, hace más de tres semanas, algunos libros prestados que intentaban ser leídos para volver a casa, pero la concentración en la escritura más que en el leer de los últimos días, hicieron que ni una vez se les tocara para intentar empezar por lo menos con alguno de ellos. Ser de esos lectores que acumulan títulos en la mesa de noche o la de la sala incluso del comedor, puede traer curiosas consecuencias, algo se esconde en su espera. No hay expectativas pero se presentan como historias reveladoras cuando uno decide hacerles caso.

Reveladoras desde algo significativo en sí o solo como una pieza, una pista más que nos llevará hacia otra cosa, un juego de misterio que quizás no termine de suceder en algún momento. Como ahora que escribo esto sin saber el final de la historia.  Una mañana me desperté y lo primero que vi fue una de las tantas torres de libros pendientes que elevaban en mi casa. Me acerqué a ellos aun sin levantarme y fui descartando, por el ánimo de esa mañana calurosa, título tras título que no llamaban mi atención. Hace una semana había terminado de leer una novela que en su densidad más que en su extensión había agotado mi energía, mi concentración y compromiso con cualquier historia que me llevara más allá de mí mismo. Además había empezado a escribir, lo que me hacía desear algo ligero, comestible para esa mañana y que no demandara mi fidelidad absoluta los días siguientes.

Fue entonces que llegué a Retratos. Una serie de relatos íntimos que Capote expone como aventuras que se valen de la excusa – literaria– de ser un reportaje periodístico para acercarnos a distintos personajes del espectáculo y la cultura de su época. Si no se tratara de Truman hubiera descartado el libro por completo, pero hay algo que solo él sabe hacer en su fórmula chispeante de indiscreto revelador de los rasgos más fundamentales de cualquier ser, conocido o no, que la curiosidad se limita a ser solo el primer paso para dejar que la empatía –con él o los personajes–nos lleve a ubicarnos en el mismo lugar, donde fuera que estuviera Capote realizando la entrevista o redactando la historia, sintiéndonos su asistente, capaz de decir en voz alta nuestras opiniones -insignificantes para él- pero decirlas e imaginar una casual conversación que rasga los atuendos convencionales con el que te viste la fama.

Así, cada relato de Marlon Brando, Elizabeth Taylor, Marilyn Monroe o Ezra Pound, Humphrey Bogart, transcurrían en mis días como ligeros y sabrosos aperitivos en mis quehaceres cotidianos. Esa noche, tras caer temprano en la cama con un gran agotamiento de un día largo, me desperté cerca de la medianoche como si mi cuerpo ya estuviera listo otra vez para la acción, una falsa pretensión que solo me dejó pensando que el insomnio había regresado. Realmente necesitaba descansar pero no podía conciliar el sueño. Tras largos intentos, fallidos, tuve que caer ante el control remoto y encender la televisión.

Estuve cambiando indiferente canal tras canal, sin encontrar nada que llamara mi atención por completo. No suelo ver televisión, he ahí creo mi falta de entrenamiento y/o conocimiento para dirigirme con éxito a alguno que ofreciera lo oportuno para acompañar mi desvelo. Pasó un tiempo, no sé cuánto, hasta que de pronto estaba cerrando los ojos, casi volviendo al sueño cuando escuché un Marilyn Monroe, seguido por un constante sonido de cámaras fotográficas. Abrí los ojos y en la pantalla, en blanco y negro, observo a Marylin sonriendo, bajando de un auto, llevada por hombres en traje mientras que una voz comienza a decir What do you wear to bed?. Mientras las imágenes continuaban con ella posando sonriendo, la voz seguía diciendo ¿una chaqueta de pijama? ¿un camisón?. No entendía ¿qué era eso? ¿una película? ¿un documental?. Como un destello fugaz, pensé en Capote, en Retratos y en el relato que tenía a Monroe como protagonista, destello tan fugaz que en ese momento no pude recordar nada de lo que había leído. No pude seguir con ese pensamiento porque de inmediato la voz en el televisor dijo Chanel number five. Fue extraño cómo eso capturó mi atención, me acomodé en la cama y vi a Marylin cambiada, en colores sonriendo, con una botella de perfume en sus manos. Se escuchaba risas mientras ella volvía otra vez al auto, con gafas oscuras, despidiéndose alegremente. La pantalla quedó en negro y de su oscuridad relució el pequeño y dorado N5 parfum.

Me desperté a las cinco de la mañana otra vez sin poder dormir y con el televisor encendido, lo apagué y procuré concentrarme en dormir unas horas más. El teléfono me despertó otra vez, era fin de semana y alguien osaba a despertarme tan, eran las diez de la mañana, no me podía quejar, aunque sentía que el insomnio se había abierto paso esa noche para seguir conmigo durante un tiempo y mis esfuerzos por combatirlo no valían la pena. Tras contestar la llamada, me duché y alisté para salir. Miré el reloj y aun tenía unos minutos antes de partir, el tiempo suficiente para probar un aperitivo: “Truman Capote” por favor, “Retratos”.

Cogí el libro y me di cuenta que no sobresalía de él ni un marcador ¿había olvidado ponerlo?. Revisé por arriba y por abajo y no lo notaba, empecé a ojear el libro y un capricho extraño de la inercia, hizo que de pronto me detuviera en una hoja que llevaba por título Coco Chanel. Fue recién en ese momento que recordé lo que había visto en la madrugada, gracias a mi insomnio. Sonreí y empecé leer algunas líneas, solo alcancé a leer la mitad de un párrafo porque otra llamada retumbó en mi bolsillo. Tenía que salir. Mi plan era que esa noche, al regresar, me concentraría en la historia. Plan que no pude concretar porque regresamos juntos. No nos veíamos hace unos días y llevábamos postergando nuestra cita de una manera ridícula.

Veamos una película, dijiste. Está bien, pero no tengo nada nuevo. ¿Estas son tuyas? Más o menos, heredadas de alguna forma ¿qué podemos ver de aquí?. Empecé a revisar cada título. No lo había hecho antes, solo había dado un vistazo, sin prestar atención a la colección que tenía ahí, al alcance de mis ojos y manos. A veces pienso que somos parte de la broma de alguien, que solo está esperando vernos caer para reírse con una malévola inocencia o quizás sin tanto candor después de todo. Pero ahí estaba, revisando cada estuche, cuando leo “Coco avant Chanel”. ¿La película? y ¿estuvo aquí todo este tiempo?. Veamos ésta, dije con entusiasmo. Mejor ésta, dijiste mientras me mostrabas una película con Ethan Hawke.

Estábamos viendo la película con el galán de Julie Delpy, en quién rescataba todo lo francés que me hacía mantener encendido el interés por ver la otra, esperar que el insomnio volviera de nuevo esa noche y aprovechar el desvelo para saber qué es lo que esa película me tenía preparado ¿qué era lo que la historia de Coco Chanel tenía que mostrarme? ¿hacia dónde me dirigiría? ¿que es lo que envolvía a tantos personajes alrededor de una historia con aroma de misterio? Ya lo quiero descubrir.

Advertisements
Tagged , , , , , , ,

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Eventos cotidianos de apasionante letargo

#historiascasideficción escritas por @beatriztorresz

[wi:k]

Una película de Moreno del Valle.

buensalvaje

Desvíos para lectores de a pie

%d bloggers like this: