À plus tard, et merci beacoup!

Je suis, decía sin poder continuar la frase, Je suis une, seguía. Había retomado las clases de francés para leer el libro en su idioma original después de años. ¿Con quién practicar? Se preguntaba y al instante se respondía que no era importante hablarlo si llegara a entenderlo, escribirlo, leerlo sobre todo estaría bien, pensaba mientras servía el jugo recién preparado y las tostadas saltaban listas algo quemadas. ¡Merde! ¿Qué dices mamá? –preguntó el niño continuando preocupado– ¿esas son mis tostadas? ¿cuándo desayunaremos tostadas francesas?

Ella no desayunó, ni entonces ni cuando regresó tras despedir al niño en la puerta. Solo se sentó y retomó la lectura desde “J’en ferais quoi?”  pensando en el tiempo que tenía aquella mañana para dedicarle a su aprendizaje. El teléfono suena interrumpiendo la lectura, el disfrute de los minutos libres porque resulta que el panorama de la mañana frente  a los papeles se transformaría en una mañana en la bodega.

–       ¿Qué vas a pedir? ¿Tomaste desayuno?

–       Un café.

–       Cómo el café va a ser un buen desayuno ¿qué vas a comer?

–       No sé.

–       Escoge algo, yo te invito.

Un americano, un expreso ¿algo más? Cuando la chica que toma el pedido hace la pregunta mirándola, esperando su respuesta, ella sin realmente decidir lee Quiché de zucchini y tomate. Las damas de la mesa redonda del patio bebían el café durante la espera del tercer invitado y cuando éste llega, la conversación transcurre saltando entre puntos cardinales de experiencias y situaciones que involucran más de una carcajada incluso de algún golpe en el hombro ¡no jodas!

Lejos quedaban las tostadas quemadas y el pedido del desayuno francés, de las lecciones y frases como Salut, ça va? En esa mesa nada le recordaba a aquél país ni siquiera aquella tarta salada, pues no, ni la tarta ni que la compañera dijera en voz alta ¿ese chico no es el italiano francés que conocimos la otra noche? Invitémoslo a que se siente con nosotros contestó ella sin saber a quién se refería, llámalo italiano francés y dile que nos acompañe.

Las risas continuaron y los cafés se terminaron, la chica se acercó a retirar tazas y platos, traer vasos y ceniceros cuando en un movimiento de piezas en aquél camino de piedras, la chica entre malabares se cruza con aquél personaje que interrumpe su camino mirándolos a los tres en la mesa, respondiendo un hola casi sin saber por qué, preguntándose ¿acaso los conozco? La compañera no dudó en alzar más la voz y decir ¡te conozco! Mientras que el compañero reafirmó lo dicho contando en dónde y cuándo fue. Aquél personaje tan carismático de inmediato llamó la atención de quien de pronto recordó las tostadas, el aprendizaje y la tarta que no se terminó.

El francés estaba invadiendo la mesa con un casual ¿puedo acompañarlos? Mientras ella susurraba eso fue lo que yo propuse pero no me hicieron caso, pensando en lo estupendo que era que él lo haya pedido. Así la invasión francesa procedió con el recuerdo y la imaginación. ¿Con quién practicar? Se preguntaba y al instante se respondía que ya le gustaría hablarlo poder entenderlo si él se animara a hablar en su idioma original, después podría escribirlo, leerlo es lo de menos. Je suis, decía sin poder continuar la frase, Je suis une, seguía en su cabeza mientras oía cómo él pronunciaba un pulido español.

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One thought on “À plus tard, et merci beacoup!

  1. Frances says:

    Je pense, donc je suis… ou bien on me suit?

    Liked by 1 person

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