Por teléfono.

¿Tus amigos nunca…? Era el final de un día agitado. Agitado desde muy temprano para que ahora antes de tiempo llegara la calma a falta de costumbre en modo de tiempo libre ¿qué hacer? Ella se sienta y pide su 1.1 sin la mínima sospecha de lo que la atmósfera entre amarillo y verde condensará por entre el olor de la historia que brota del guión como sumando a su lado los amigos o la gente así de simple que le hace falta a su tiempo a su mesa a ese bar: la particular noche de miércoles en esa callecita histórica como paralelo fotográfico de un instante aglomerado y en distorsión de un si fuera fin de semana. Ausencia exigida y supuesta real porque cualquiera interpreta esa escena como soledad ¿y sus amigos dónde están?

Los del guión que viven momentos noventeros muy trágicos como si nunca dejaran de estar en una larga fiesta tóxica y que te recuerdan la adolescencia como todo lo mucho de reír o llorar cual novatos hipersensibles –como más o menos dice el autor– ¿no son suficiente? Servido el primer vaso directo a la boca en sincronía con la pupila que se dilata para enfocar el texto que se disipa con la iluminación en clave baja ideal para que venga cualquiera con su cámara y con el flash seteado con rebote rellene la esquina donde ella está y la retrate como un clásico setentero.

Ella empieza a leer: título-autor-personajes: primer nombre-segundo nombre-tercer nombre-cuarto nombre-quinto…

¿Nunca te harían…? Era el final de un día agitado. Agitado desde temprano para que ahora como no era costumbre siguiera el entusiasmo del otro tanto que arrincona el tiempo libre ¿qué hacer? Ella se sienta y mira la hora 21:10 sin la mínima sospecha de lo que la atmósfera entre celeste y naranja provocará por entre el recuerdo de la historia que aun se limita a la pantalla como restando los conocidos o las siluetas en sí que sobraban al momento a su intención a ese echar de menos: la común noche de miércoles en ese cuartito de siempre como paralelo de un cortometraje en remake del instante sereno con en efecto prolongado de un si no fueran vacaciones. Recuerdo inadvertido y supuesto insistente porque cualquiera habría llamado antes pero es entonces solo ahí cuando en el teléfono busca su inicial ¿qué es de ella?

Ella a quién no veía desde aquél momento fantástico como cuando las ideas parecen estar en fiesta armónica y colorida como quien alucina los encuadres de la fusión experta en la coincidencia –más o menos un fenómeno delirante como le dicen– ¿había más? Contacto en pantalla listo para el dedo que en obediencia eléctrica presiona llamar iluminando el espacio en tinieblas ideal para quién rival del flash lleve al límite la sensibilidad de su cámara y la retrate como un aquí no se ve nada.

Quinto nombre. Escucho mi teléfono sonar al momento de leer el nombre que faltaba. Volteo y en la pantalla el mismo nombre que el quinto con las siete letras llamándome. Me río le contesto y.

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